La visita del candidato presidencial Renovación popular, Rafael López Aliagaa la provincia de clamorosoen la región de Ayacucho, ha llamado la atención, pero no necesariamente gracias al apoyo de la ciudadanía. Su encuentro, organizado en un lugar privado, mostró una llamada limitada y dejó una serie de interrogantes sobre su vínculo real con la población del sur de los Andes.
La ausencia de movilización visible en las calles o plazas puede interpretarse como una señal de debilidad en su capacidad para unir a la gente, especialmente en un contexto donde el contacto directo con la población es clave.
Este escenario también ocurre durante condiciones climáticas adversas. En Ayacucho persisten reacciones contra declaraciones pasadas del candidato sobre manifestantes en la región, que han generado desconfianza y rechazo en ciertos sectores. En este contexto, su llegada no ha conseguido revertir esta percepción.
Durante su discurso, López Aliaga intentó mostrarse cercano al pueblo, utilizando un lenguaje directo y referencias personales sobre su carrera. Sin embargo, su insistencia en presentarse como “apolítico” contrasta con su rol actual, dado que ya tenía experiencia como alcalde de Lima.
Uno de los ejes centrales de su intervención fue la lucha contra la anemia infantil. López Aliaga propuso convertir todas las escuelas públicas en “escuelas-refectorio”, donde los estudiantes recibirían alimentación diaria desde el embarazo hasta la edad adulta.
Aunque la propuesta resalta un problema real –la alta tasa de anemia en Ayacucho– el candidato no detalló cómo se implementaría un programa de esta escala.
López Aliaga, fiel a su estilo, utilizó en varias ocasiones un lenguaje confrontativo, calificando a otros políticos de corruptos o “vagos”. Este tipo de discurso, si bien puede llamar la atención, también contribuye a la polarización política.
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